El Slow marketing o cómo no abrumar al público objetivo

Nuestra sociedad y nosotros con ella, nos estresamos y lo hacemos además, a pasos agigantados. Los clientes lo saben y cada día más demandan mensajes directos, con mayor claridad y concisión, que inviten a la meditación y por tanto al relax. Los anunciantes lo saben y la estrategia comienza a cambiar, no se trata de que el cliente compre sino que además se sienta a gusto. El slow marketing pretende que el consumidor esté rodeado por una atmósfera tranquila, desacelerada, ociosa y por tanto de total disfrute para los sentidos. Este movimiento cuenta cada día con más adeptos en distintas facetas del entorno laboral y empresarial.

El movimiento slow cada día tiene más adeptos en distintos terrenos y facetas de nuestra vida social, laboral y profesional, porque reduce nuestro estrés cotidiano a la mínima expresión y todo ello porque aquel que pretende vendernos algo no persigue un objetivo inmediato, si no el más seguro. Busca nuestra comodidad, el momento de paz, de ocio y por tanto se asegura nuestra permanencia. Lejos quedan ya los mensajes demasiado barrocos, recargados o ininteligibles que se basan en el marketing más agresivo que persigue solamente vender y además hacerlo, de la manera más rápida. Ahora, los clientes exigen claridad, sencillez, austeridad y limpieza en los mensajes que reciben. Por ello, el slow marketing pretende conseguir la misma finalidad que realizando una campaña mucho más agresiva, comercialmente hablando, pero ahora con unos medios y unos tiempos totalmente diferentes, mucho más lentos, más relajados, más implicados con nuestra forma de interactuar en lo social, como contrapunto a lo netamente comercial.Evidentemente, las marcas se han dado cuenta de ello y lo están poniendo en práctica a la hora de vincularse con sus clientes ya que éstos se encuentran sobrecargados de información y agradecen todo aquel mensaje nítido que invite al relax, como por ejemplo aquellos flashes del mercado que nos llegan visibles y limpios y, que no aparecen saturados de vivos y molestos colores.Pero el movimiento slow no nace ahora. Lo cierto es que fue “New York Time Magazine”, allá por el año 2001 quién se centraba en este fenómeno y lo consideraba “una de las 80 ideas que sacudieron al mundo”. De esta manera, si existe algún ámbito donde se convierte en evidencia, la cultura de lo lento es, sin duda, el sector del retail. Por ello, librerías, casas de decoración, heladerías, locales de comida rápida y delivery son, hoy por hoy, un lugar de encuentro más que de paso ya que, no sólo te invitan a comprar sino a quedarte en el establecimiento, a relajarte, a disfrutar de un rato de ocio y todo ello porque ahora incluyen una gran variedad de servicios adicionales que escapan a la simple captación de una compra rápida y que persiguen algo más.

El cambio de estrategia de estos locales es evidente. Así, la instalación de cafeterías en los locales hasta hace unos años espacios de tránsito esporádico, se han convertido en auténticos viveros de ocio y esparcimiento que cada día atraen a más gente, lo que produce notables efectos de arrastre inmediato en la generación de negocio, con la apertura de nuevos establecimientos similares, todos ellos abiertos al ocio, lo que demuestra que la estrategia del slow marketing es más que la sola posibilidad de captar la venta sino un auténtico intento de captar (atrapar) al cliente y todo ello, sin prisas.

En el caso de las librerías, no han realizado campaña alguna simplemente asumen que “el usuario de paso” pueda hojear el diario habitual, tranquilamente, y ello porque seguramente y sin saberlo, estas tiendas lo están convirtiendo en un potencial cliente que pasará al día siguiente y así sucesivamente. Al final, este usuario de paso se convertirá por una cuestión práctica, en cliente que volverá y volverá, para encontrar lo que busca.

Otras firmas como IKEA, no sólo consiente prácticas similares sino que además se convierte en parte del ritual de compra. De hecho, muchos de sus clientes mientras recorren la tienda en busca de su compra, se encuentran inconsciente e indirectamente “de paso”, por su cafetería. Del slogan tradicional dedicado a atender o “despachar” al cliente en su necesidad primera y primaria, estas grandes cadenas han pasado al “siéntate, relájate, tómate un café, conéctate a internet o si lo prefieres disfruta de la conexión wi-fi”. ¿Quién se puede resistir a algo así en la vorágine tradicional de nuestro tiempo?

Por tanto, el slow marketing lleva implícito el germen de su propio éxito ya que se basa en una estrategia de actuación más lenta, que en todo caso es diferente aunque persiga el mismo fin. Se trata de una estrategia rápida cuando tiene que serlo y lenta cuando más conviene o, lo que es lo mismo, trata de utilizar el tiempo de forma adecuada y a la velocidad más apropiada.

Por todo ello, la finalidad del slow marketing sigue siendo la misma que cualquier estrategia de marketing, el objetivo también pero la gran ventaja es que los medios para conseguirlo y los tiempos de ejecución cambian.


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